eternos carniceros que cortan planetas.-






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11.6.10

viejito hermoso.

Desencuentro de dos ancianos.-

Una anciana caminaba durante todo el día y un anciano caminaba durante toda la noche. Nunca se encontraron. Es lógico. La anciana caminaba de día y el anciano caminaba de noche. Ella tenía los ojos del color de los árboles. El tenía la nariz aguileña y un bastón. Los dos tenían los mismos pájaros en distintas jaulas. Los dos eran viudos. Ella vio morir a su marido una tarde del mes de mayo. El vio morir a su mujer una mañana del mes de agosto. Los dos tenían sobrinos que jugaban al ajedrez. Pero, ¿cómo pueden encontrarse en la Ciudad de Buenos Aires, entre tantos millones de habitantes, una anciana que camina de día y un anciano que camina de noche? *(1)



Los ancianos fieles.-

—Otra vez ha entrado el mariposón —dijo la abuela—. Voy a espantarlo como todas las noches.

El mariposón volaba alrededor de una lámpara. Los nietos salieron del cuarto. La abuela cerró la puerta con llave y bajó las celosías de las ventanas. El mayor de los nietos se escondió para ver cómo la abuela espantaba al mariposón.
Y vio al mariposón caminando por el espejo de la cómoda, quitarse las alas y sentarse en una silla. Y vio a la abuela abrir el armario y sacar unos bigotes, un sombrero y un frac.
El mariposón sentado en la silla era un hombre desnudo y se vistió poniéndose de pie los bigotes, el frac y el sombrero.
Y vio a la abuela sacar de una gaveta del armario unas trenzas y un traje de novia. La vio desnudarse y vestirse poniéndose las trenzas y el traje de novia. Y vio a los abuelos como estaban en el retrato del comedor, sonriéndose en un marco dorado. Después los vio volando, tomados del brazo, besándose, dando vueltas alrededor de la lámpara.

El anciano viajero.-


Toda mi vida fue buscar el lugar donde quería morir. Aún sigo viajando.




J. Villafañe.














*(1): cambiándose de turno :)

20.3.10

estoy leyendo mr vertigo de auster
y no voy ni por la mitad
y el pibe ya vuela.


ME PODÉS EXPLICAR CÓMO VA A LLENAR TODO EL CACHO DE LIBRO QUE QUEDA?

19.12.09

Arriba. Clic-clic, un poco de humo. Tóc-tóc-tóc, uno, dos, tres, quince escalones. Los ojos todavía chiquitos, pero la mirada siempre profunda, ñic-ñic y se lava un poco.
Fluye, como si fuera eso que ve todas las mañanas [en vacaciones, mediodías, si no es más tarde]. Pero no, es horriblemente sólida, compacta, ósea. Eso es lo que le molesta, los huesos, los huesos, los huesos. Siempre quiso ser como la nena del libro que leía cuando todavía le quedaban muchos [si no todos] dientes de leche, esa que era como una gelatina y que tóc-tóc-tóc, uno, dos, tres, quince escalones con mucha más gracia que su mañana [en vacaciones, mediodía, si no es más tarde].
Ínfima, sí, ínfima. Era ínfima, se decía, ínfima como las espinas de Cactucito. Claro, siempre le hablaba a Cactucito, era una compañía agradable. Él sí fluía, siempre quieto en su barro, pero fluía.
Ch-ch-ch, FFFFF, ponía la pava y traca-traca batía. Se quedaba sintiendo el frío en la cara y después sí agregaba el primer bocado que había probado en su no-fluir [porque antes sí fluía; antes no era ósea; antes, incluso, era dos cosas y no una; y antes de eso una idea; y dos meses antes, nada].
Claro, era nada, cómo le gustaría a veces volver a ser nada. Pero le había tocado ser todo [o eso solían decirle] para otros dos no-fluires que antes [aunque mucho antes] también habían sido fluires. Nunca entendió cómo, habiendo ellos fluído, habían condenado a un fluir a, de un día para el otro, no fluir. "Escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo", dicen. Pero los árboles fluyen, como Cactucito. Los libros, ni hablar, fluyen todo el tiempo. Pero a los hijos nos condenan a ser tan óseos...después me vienen a hablar de libre albedrío.
Sin embargo, muack-muack, saluda a los otros dos no-fluires, muchas veces de mala gana. Y tóc-tóc-tóc, uno, dos, tres, quince escalones [aunque multiplicado por menos uno, hay que cambiarle el sentido a la función porque sino se complica].
No, no me pidas qué hace después, no es tan rutinaria, ese es el poco fluir que le queda.
Inevitablemente, cada tanto se dedica a largar todo lo que ve ñic-ñic todas las mañanas [en vacaciones, mediodías, si no es más tarde] por los ojos todavía chiquitos, pero la mirada siempre profunda. Siente entonces que fluye un poco más, porque fluye desde las entrañas, desde la córnea, desde eso que el cuadro de Spilimbergo le dice que no es la cabeza, desde eso que, como ella cuando era dos cosas separadas, no es óseo.


[hasta ahí llegó mi noche, después me cansé de escribir y me dormí]

26.9.09

otro juan

y un experimento literario por msn.

(claramente consiste en que teníamos que escribir una frase cuyas iniciales fueran las letras de la última palabra que había escrito el otro)


mi perro camina por la calle
camina autónomo, llorisqueando, libre, emancipado
El mendigo anda negando canciones, intenta perder años de oleaje
o levanta enajenado años jugando, experimentando
el xilofón perdido era raro, inclusive me entendía. No tan alto, nunca dando orquesta
ornamentado, raro, quieto, huyendo estrepitosamente sobre taladros amarillos
Amor mío, amor raro. Iluso llanto, los oprimidos salen
sinuosos anudan libertades, encienden noches
Nuestras odiosas calumnias, hoy en silencio...
solo imaginan liebres esféricas, no creen idear ocio
oleaje calmo. Ignacio Ordoñez
ordeña ratones dormidos, o ñandues, elefantes y zebras
Zaire es bien regio, antes sentía.
sentia espermatozoides naranjas titilando, imaginaba amalgamas
Ay Mamá! Ay Lolita! Gané Abonos, mas ando solo!
¿sabré ostentar lobos organizados?
Onganía rajó. Ganó alguien. Ni idea. Zaire abrió dos océanos, sabías?
sólo antenas bicornas imitaron acción semejante
San Esteban mete entre jadeos algo nuevo. Te entiende.
entiende. No tiene imagen. Es necrofilia, distancia, estrategia
Es Superman! Te reís? Ah, tarado. Estás ganando. Iñaki alabóte
albino labró, albino brotó, otro te entenderá
Eras nuevo, te eligieron nuevamente, Dárgelos. Raul Alfonsín.
Antes las flores, otra noche salieron intrinsecos naranjos
Nadando ando. Rebalsa alsa. Ninja, ja. Orson son
son orgánicos, nitrogenados?
no inventes, tengo ropa olgada, gane en Narnia, antes daba ombúes sanos
si ansío, nostradamus, os soltaré?
Sandro ostiga los tambos. After risa encrucijada.
es nostálgica, cree rugir untada. Casi intactas, jirafas adulan diversas aventuras
alterada vendetta, engañosa nación. Torturas urbanas. Rengas aristocracias son.
salen organizadas, nacionalistas
Nito ama Charly. Ignacio odia Nito. Astilla la idea sensacionalista, temerosa. Atilla Sensacionalista.





Otro Juan que quiero mucho
otro Juan guitarrista
otro Juan artista.

18.8.09

One sunday morning
she woke up in my bed.
But she didn't make me pancakes
[pancakes],
She didn't make me pancakes...
Es chiquitito. Camina con pasos cortos, los pies bien juntos, los zapatos ridículamente enormes para esa apariencia de repollito de bruselas.
Hola, sí, ¿me das una bandejita para sopa? No, de esas no, las que traen calabaza y apio...Ah...¿no te quedan más?...Hmm, bueno, gracias.
Es todavía más chiquitito. Camina con pasos diminutos, los pies así de juntos, los zapatos ridúculamente gullivéricos para esa apariencia de repollito de bruselas.
Nunca, desde que tenía memoria, había usado un cuchillo para hacerse la sopa (quizáaas, alguna vez, para cortar el nylon de la bandejita, pero nada más, ¿eh?). Nunca, nunca, nunca, never-in-the-life. Había intentado, más vale, pero nunca faltó un incidente allá por la segunda zanahoria. Esa cosa de enfrentarse a las hortalizas tan de cerquita, tan féis-tú-féis, lo aterraba. Prefería no involucrarse en todo ese rollo de la sopa...¡mirá si la Pachamama se le enojaba por andar masacrando a los pobres vegetales él mismo! ¡Un horror!
Stop. Media vuelta. Un casi-déja vú generado por la repetición del camino.
Hola, sí. Yo de nuevo. ¿Sabés qué? Dame un anco, un poco de apio...sí, ¿un poquito más grande no tenés? Sí, así está bien. Ehm, un kilo de zanahorias...cebollita de verdeo...puerro...No, no, nada más. Buenísimo, gracias, hasta luego.
Es (tá) estirado. Camina siguiendo el pulso de sus auriculares, bailotero, decidido, las zapatillas que ni ajustan el dedo del pie regordete ni ampollan el talón.
Pucha, che, lo único que necesitaba era un poquito de voluntá!
[holi, sí, no me gusta mucho esto, pero tenía ganas de escribir algo]